Descubrir La Habana siguiendo los pasos de Hemingway

Cuando viajes a Cuba, descubrirás que hay mil formas de vivir La Habana

Cuando viajes a Cuba, descubrirás que hay mil formas de vivir La Habana: disfrutando de su animado Malecón, dejándose embargar por las nostálgicas notas del son en uno de sus encantadores bares o disfrutando de una gastronomía única y amalgamada en los nuevos “paladares” que han proliferado por doquier. Sin embargo, un plan excelente consiste en seguir los pasos de Ernest Hemingway, porque el escritor estadounidense supo beberse La Habana hasta el último sorbo.

De bares por la Habana Vieja

La primera parada del hombre que transcurrió 20 años de su vida en La Habana fue el hotel Ambos Mundos, en la calle Obispo, una de las arterias más animadas y concurridas de la ciudad. Con más de un siglo a sus espaldas, este hotel sigue rezumando encanto de otros tiempos, por lo que vale la pena subir hasta su terraza y disfrutar de una puesta de sol, con el barrio de la Habana Vieja a los pies.

Muy cerca se encuentra La Bodeguita del Medio, un bar tan pequeño como icónico, donde Hemingway solía pedir un mojito – o varios. Si te fijas con atención, en sus paredes encontrarás firmas como las de Errol Flynn y Salvador Allende. También puedes aprovechar la ocasión para degustar algunos de los platos típicos cubanos, mientras disfrutas de la música, que nunca falta.

La peregrinación continúa en otro de los sitios más emblemáticos de la ciudad: El Floridita, la cuna del daiquirí. Hemingway era un habitual, por lo que no es extraño que en el extremo de la barra encuentres una estatua suya, acodada, como si nunca se hubiera ido. Por este bar, que abrió sus puertas en el lejano 1817, han pasado personalidades como Gary Cooper, Tennessee Williams, Marlene Dietrich y Jean-Paul Sartre.

Los escondites de Hemingway

Hemingway se sumergía sin problemas en el bullicio cubano, pero para escribir necesitaba soledad. Por eso, compró una casa enclavada en medio de un pequeño bosque, en el barrio San Francisco de Paula. Se trata de la Finca Vigía, que en la actualidad es una casa-museo.

En la Finca Vigía el tiempo se detuvo en 1960, cuando el escritor abandonó estas paredes para no volver. No te resultará difícil imaginar el día a día de Hemingway entre trofeos de caza, muchos libros, algunos incluso con notas al margen de su puño y letra, y su máquina de escribir Underwood, a la que le arrancó algunas de sus mejores obras. De hecho, incluso podrás ver el último disco que sonó en el gramófono.

No obstante, si quieres ser completamente fiel al escritor, también tendrás que visitar Cojímar, una pequeña localidad de pescadores en la que Hemingway encontró inspiración para escribir “El viejo y el mar”, una obra esencial en su carrera para obtener el Nobel de Literatura. Y no olvides hacer un alto en La Terraza, una cafetería mirando al mar donde el escritor solía pasar largas horas.


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